Back to personal projects ES

De creencias y consecuencias

¿Cuánto deben custodiarse los deseos?
¿O cuánto, por el contrario, gritarse al mundo?

Al respecto, hay dos diferentes e inconciliables escuelas de pensamiento. Es decir, dos categorías de personas: los herméticos y las cotorras.

El hermético es a quien tienes que sacarle las palabras de la boca, el que si tiene un deseo no te lo dice porque, si te lo dice, le traerás mala suerte. Y el deseo no se cumplirá.

Puedes ser incluso su madre o chatgpt versión premium. No le sacarás nada. Él no puede ni siquiera pronunciar aquel deseo. Lo guarda para sí mismo, cerrado a cal y canto en su mente.

Después hay otra categoría de personas: las cotorras. Los que, si tienen un objetivo, cualquier cosa que desean ardientemente, tienen que decírsela a todos. INMEDIATAMENTE. También a la señora que está en la caja del supermercado.

A pesar de eso, redoble de tambores: los que son como ellas son vencedores. Son entusiastas, aman la vida. De lo mucho que contaron sus deseos a todos, se hicieron realidad.